miércoles 29 de abril de 2009

Jovanotti- Fango

lunes 27 de abril de 2009

Bruzzone Express

Los topos se lee de un tirón. Imagínense una tarde de sábado amplia, sugerente. Suficiente para leer la novela prima de Félix Bruzzone. Es cierto lo que dice la contratapa de uno de los dos mil ejemplares impresos; una cifra para que te respeten, dijo Martín Kohan en una entrevista, y te sirvan café en la editorial.

La contraportada anuncia que esta novela se escucha. Describe esa oralidad de estilo, y eso es algo que se está convirtiendo en marca registrada de los nuevos escritores, muy a la Kerouac, si queremos establecer una comparación expeditiva, de blog y menos de cartilla académica. (No saldrán muchos Faulkners o Flauberts desde esta escritura que puede imaginarse impulsiva, o quizás sea el efecto de un trabajo medido, cuyo resultado consista en ocultarnos el esqueleto, el armazón que la contiene.)

Bruzzone sabe hacer otras cosas. De hecho, se gana la vida con actividades extraliterarias pero que no menoscaban sus improntas narrables. Escribe cuando puede, en las noches que le da el cuero, contradiciendo el método que celebra las horas fijas y las noches en vela. Es también integrante de la Editorial Tamarisco donde publicó 76, su primer libro de cuentos.

Los topos, o sería mejor decir su autor, tiene una palpable influencia Airana, si la efervescencia tiene su término en el lunfardo literario no es otro que Aira. Simplemente porque nace en un punto y termina en otro diametralmente opuesto. Tono, geografía y personajes dan un giro voluptuoso y aparecen en escena enanos lujuriosos, Alemanes perdidos en la bruma del Sur Argentino y travestis.



Fotos: 1. © Pichenettes

miércoles 15 de abril de 2009

Ciudad de sombras


“En realidad lo que todo esto también está indicando es que la literatura no tiene mucha importancia; para nosotros la tiene, pero socialmente, no la tiene.”
Martín Kohan


Enrique Vila-Matas se declaró una vez la sombra de Antonio Tabucchi, siguiéndole el juego a este que anunciaba lo mismo con respecto de Pessoa. Escribe Vila-Matas que la noche que conoció al escritor toscano, este último lo tomó de un brazo y le dijo: “¿por qué me persigues?”. Luego todo devino en ficción, en un encuentro de niñez que nunca se dio, un recuerdo inventado para entendernos, que ambos se encargaron de difundir con aires de verdad.

Vila-Matas en sus libros nombra a muchos escritores. Hace de ellos el caldo de su literatura, de su atrevido juego ensayístico-autobiográfico-ficcional. Auster, por su parte, se nombra a sí mismo como personaje (y maneja la perversión de ser la sombra de Beckett) y establece una suerte de pasillo metaficcional donde no hay un sentido único. Eduardo Lago fue reincidente en esa tradición y metió en un mismo cuento al escritor catalán y al de Brooklyn.

El 2 de mayo en el auditorio del Florence Gould Hall en la calle 59, entre Madison y Park, Eduardo Lago, novelista y Director del Instituto Cervantes de Nueva York, moderará un encuentro entre los dos personajes de su cuento, autores en la vida real y mentirosos de oficio, como diría Fellini. Auster y Vila-Matas se conocieron hace dos años y dicen compartir muchas de sus obsesiones literarias.

El evento que va a concretarse dentro de un par de semanas es parte del PEN World Voices Festival que empieza el 27 de abril y cierra el 3 de mayo. Lo único que no me cuadra es que tratándose de una cita mundial los organizadores hayan literalmente borrado a la literatura argentina del programa y con ella a sus representantes. No está ni Manguel que es más canadiense que argentino. Yo hubiera propuesto a Aira o a Fogwill, o tal vez a Chejfec que vive a pocas cuadras. A excepción de Roncagliolo y de un par más, bastante desconocidos, después de México el mundo parece cortarse abruptamente. Anyway, paréntesis hecha y el dedo alzado para no dejarlo pasar, Vila-Matas de seguro reivindicará en sus diálogos a muchos argentinos y sudamericanos, al igual que en sus libros.

Vila-Matas, Tabucchi (significativa presencia) y Auster compartirán la misma ciudad por pocos días. Desde ya me ofrezco (porque conmigo se ahorran los viáticos y el alojamiento) a ver si me quieren contratar (meaning $$$) para cubrir el evento (¡Avispaos revistas y diarios del mundo!) y hacer entrevistas a estos mis escritores favoritos y otros que vienen incluidos en el programa que también merecen la pena como Sada, Ondjaate, A.M.Homes, Siri Husdtvet, Axtaga, Colm Toibin y otros.

Yo pienso insistir con Vila-Matas, a quien leí tarde, a quien conocí recién, a ver si me acepta un café y unas preguntas. Usaré todos los medios a disposición; empezaré por escribirle un email a Eduardo Lago, con quien he intercambiado ideas sobre tintos y Tagliatelle al ragù. Insistiré y me colaré entre la gente al final de cada charla; le haré llegar tarjetas y ya al tercer día, aunque rehúya, recordará mi cara. Averiguaré los itinerarios nocturnos: algún bar de vinos en Bleecker o un restaurante filo-oriental en un callejón empedrado del Meatpacking. En alguna pausa, me tomará por sorpresa, dirigirá mis pasos hacia un costado del camino y me dirá: “Amigo, ¿por qué me persigues?”.

Habrá rascacielos, algún coletazo de frío malherido, un patio catalán con una pelota de fútbol y un personaje invitando al juego a otros, como se da en esos comerciales hechos cuando se acerca el mundial. Habrá sombras.





















Fotos: 1. © Pasos de ciego / 2. ©James Blann / 3. © Didier / 4. © Alejandro Castillo / 5. © Gmalras / 9. © Gianluigi Pirrera

viernes 10 de abril de 2009

Lugares a media luz


“...cuánto me gustaban esos viejos bares de Buenos Aires, un poco sórdidos, que, como los zaguanes y los patios, inexorablemente han ido desapareciendo hasta de los suburbios de la ciudad. Despachos de bebidas, se llamaban antes. Cada día que pasa quedan menos, pero si uno sabe buscarlos todavía puede encontrar alguno en la recova del Once, en los alrededores del puente Pueyrredón o en una cortada de Pompeya.”

Abelardo Castillo – El espejo que tiembla





Fotos: 1. © Ignacio Guerra / 2. © Subcomandanta / 3. © Clix You

lunes 6 de abril de 2009

Auschwitz hoy


A man will beg
A man will crawl
On the sheer face of love
Like a fly on a wall
It's no secret at all
U2- The Fly


Llegaron los turistas (Am Ende kommen Touristen, 2007) es una pequeña película alemana. Minúscula como un susurro que encierra contenidos categóricos. Pequeña en presupuesto no así en el alcance que va teniendo en las salas.

Sven llega a Auschwitz a cumplir el servicio civil por un año. Allí debe hacerse cargo de uno de los sobrevivientes del campo de concentración. Le hace de chofer, le busca cigarrillos. Poco a poco, sin saberlo, se irá creando un vínculo especial. Al principio Sven cumple un horario; no está dispuesto a involucrarse un minuto más de los estipulados. Conoce a Ania y a su hermano, termina viviendo con ellos y tiene un romance con ella. Hacia la hora de película Sven roba patrimonio del museo para llevárselo a Stanislaw Krzeminski. Toma una maleta de un otrora prisionero para que Krzeminski la repare, luego de la negativa del Museo de seguir contando con sus servicios.

Las piezas de equipaje habría que preservarlas, objetan los responsables del museo, en cuanto objeto histórico y base del testimonio; el anciano, sin embargo, las dejaba nuevas, reanimando el pasado. Krzeminski, podría considerarse como una pieza más del museo y sus conferencias para escarbar en el minimalismo más pueril lo situaban en un espacio temporal cíclico que no superaba 1945.

Si acudimos a un plano alegórico, Sven representa la memoria celular de todos los alemanes. Un discurso de eslabones generacionales; de aquellos que siguieron el curso de la posguerra y que no tuvieron una responsabilidad directa en la confrontación. Al final, evadirse no resuelve nada, parece contarnos este filme y sugerirme ciertas lecturas adyacentes, porque ya sea antes o después esa memoria aflora.

El profesor alemán perdido de la última escena es esa tarea inconclusa. Al entenderlo así, Sven decide darle una mano, desistir de sus planes de volver a Alemania y regresar junto a él justificándose con la frase: “igual olvidé algo”: El único modo de acabar con los fantasmas del pasado es yéndolos a buscar.

¿No es provocador que un estudiante alemán, para colmo de Berlín, termine en Auschwitz cumpliendo el servicio civil? Esa pareciera ser la razón para que la cámara se traslade allí y pueda contarnos esas historias mínimas al mejor estilo “punta de iceberg” de Hemingway, sin olvidar que las mismas provienen de “experiencias autobiográficas del propio realizador cuando trabajó en el Auschwitz's International Youth Meeting Center”.

Fotos: 1. © Rob Funcken, 3. © Bobby