lunes 2 de noviembre de 2009

Del libro


“Il libro è come il cucchiaio, il martello, la ruota, le forbici. Una volta che li hai inventati non puoi fare di meglio.”
Umberto Eco


A veces tengo la sensación de que las Ferias del libro alejan de la lectura, por no decir que espantan al lector como le sucede al payaso de circo con el niño. Así como tampoco creo que sean benéficos para la literatura (ni para la lectura) Meyer o Dan Brown, porque sucede que esos lectores (o entusiastas) no se levantan al día siguiente de haber terminado el libro con ganas de descubrir a Dostoievski o a Cortázar; son callejones sin salida que siempre van a rebotar sobre el mismo muro.

La otra ilusión con la que promueven los “aparatos” de lectura es que (los mismos) acercan una infinidad de textos gracias a la tecnología 3G; todo en un apretar de nalgas. ¡Pero si los libros nunca se fueron a ninguna parte! siempre estuvieron a mano. Si precisamente es la lectura, hasta ahora, la única que no necesitó de intermediarios. Salvo el texto, no hacían falta proyectores ni estéreos y el lector pasaba a compartir un lugar íntimo con fragmentos e ideas.

¿Y quién soy yo para detener el devenir alternativo de la publicación? Porque hay que estar claros, aquí lo que se mueve es el piso editorial; el modo de finalizar un producto, no el modo de leer o el proceso creativo del escritor. A lo sumo, nos aventajaremos de tener una mano libre (que no sabrá qué carajo hacer) y donde 550 páginas pesarán lo mismo que un cuento de Monterroso.

Sin embargo, tiene y tendrá sus ventajas. Cada nueva versión o “gadget” de la competencia, intentará el salto y sumará algo nuevo; hasta que llegue Apple e invente el iRead y ahí habría que ver. Yo creo que hay que pensar en los lectores electrónicos como primos hermanos del libro, una generación nueva pero que no rebana la tradición. Imagino que hubo quien se quejara cuando se pasó de la piedra al papel, y luego de los pergaminos al tomo empastado. Uno acabó con el otro porque la idea era sustituirlo, mejorarlo, hacer de la lectura algo práctico y funcional.

James Gleick escribía en el New York Times del 30 de noviembre del año pasado que el no veía tan inminente el final del libro: “Tecnológicamente, el libro es como el martillo. Es decir, es perfecto: una herramienta adecuada para su tarea. El martillo puede sufrir ajustes y variaciones pero nunca será obsoleto”. Si queremos más lecturas de este tipo; Jean-Claude Carrière y Umberto Eco (gran defensor de las tecnologías) acaban de publicar un libro, del cual proviene el epígrafe, que se llama Non sperate di liberarvi dei libri, que coincide con el pensamiento de Gleick y el mío.

Son caminos paralelos transitables sin interferencias. El que viaja mucho le puede sacar el jugo a estos aparatos, porque como el iPod condensan en un receptáculo minúsculo nuestras biografías y gustos. Si se duda sobre qué libro leer en el vuelo, entonces por qué no llevárselos todos y pasar todo el vuelo tratando de elegir uno (puede pasar). A mí me gusta tener opciones en un vuelo; no siempre sé qué estado de ánimo me van a provocar las alturas.

Comencé hablando de Ferias del libro, porque leí el artículo de Max Tomas (el se ancarga de Argentina y la feria de Frankfurt) que pienso adjuntar aquí y se me dispararon todas estas opiniones sobre formatos y lectores. Desempolvé cosas que visualizaba decir en algún momento y consideré esta una oportunidad. Además, acabo de ver el lanzamiento de Nook de Barnes & Noble que le quiere rebajar clientela al Kindle de Amazon que hasta ahora se reveló flojo.

Si el vinilo está volviendo y tiene una clientela fiel; las fábricas de velas han vuelto a su apogeo y la palabra “vintage” es una muletilla cultural que reinventa contextos, qué se piensan que van a desaparecer el libro (y menos las Ferias).



***


Estertores de una feria alemana
por Maximiliano Tomas
25 de octubre de 2009



Y pasó Frankfurt, nomás. Y volverá a llegar, en 2010, con la Argentina como país invitado. Este año la feria del Libro de Frankfurt, la más importante del mundo editorial, tuvo a China como centro de su homenaje.

Para eso, la organización le ofreció un espacio de varios cientos de metros cuadrados llamado Foro. China
construyó su inmenso stand en el hall que le correspondía, y en el Foro optó por el minimalismo: un
recorrido histórico con paradas en momentos clave del desarrollo industrial, como la invención del papel, la
tinta y las máquinas tipográficas, hasta llegar a los dispositivos de lectura electrónicos, el futuro inminente.
Un diseño sobrio pero moderno, y en el medio varias filas de butacas y un escenario para discursos y
lecturas. (Mientras tanto, la Premio Nobel Herta Müller exigía de las autoridades alemanas repudio a la
censura china, y a la entrada de la feria un grupo de manifestantes tibetanos protestaba con gritos y
pancartas). Es en aquel Foro donde la Argentina planea instalar, en el 2010, un laberinto en referencia obvia
a Jorge Luis Borges a través del cual mostrar al mundo la cultura argentina.

¿Y qué pasó, finalmente, con las suspicacias (ideológicas, políticas, culturales) existentes entre el comité
nacional y el del Gobierno de la Ciudad? Poco y mucho al mismo tiempo. Enfrentados en el Hall 5,
exactamente a un par de pasos el uno del otro, el stand argentino doblaba en metros al porteño, aunque lo
secundaba en diseño y concepción. Las autoridades, y los escritores y periodistas que debían oficiar de
presentadores de cada uno de los espacios se miraban con sorprendente e inexplicable recelo (siempre habrá
ediles del poder que se tomen demasiado en serio las invitaciones oficiales). Y mientras algunos bebían café
y mataban el tiempo, pensando en qué diablos podrían hacer en un lugar tan poco afecto a los autores, por
ahí deambulaban, algo perdidos, José Pablo Feinmann, Osvaldo Bayer, Guillermo Martínez y Claudia
Piñeiro, las caras más visibles de la delegación oficial comandada por Margarita Faillace.

Pero una de las cosas más relevantes para el futuro del libro transcurría bastante lejos de allí. Los cambios
que traerá el libro electrónico siguen siendo un enigma para casi todos, pero es algo de lo que se habla de
manera permanente en voz baja. El miedo concreto: que a la industria editorial le suceda lo que a la
discográfica, que agoniza desde hace años. En su discurso inaugural, la canciller Angela Merkel le ofreció
su voz y un guiño al ala más conservadora de la industria: “También los libros electrónicos deberían estar
sujetos a una ley de precios fijos. La propiedad intelectual debe ser defendida no sólo ahora sino siempre”,
arengó y fue vitoreada.

El avance del ebook es lento y leve, aunque sostenido: en los últimos seis meses se vendieron sólo 65 mil
libros digitales en el mundo (en 2008 representaron apenas el 0,8 por ciento de las ventas en los EE. UU.).
Pero no son pocos los que ven a 2018 como el año en el que todo cambiará, y esperan que para entonces
entre el 30 y el 40 por ciento de los ingresos provengan de este canal de ventas. Por lo pronto, en un rincón
poco visible de Frankfurt llamado Bytes & Books, se mostraban algunas de las caras de aquel futuro: los
dispositivos de lectura, cada vez menos imperfectos (el Reader de Sony se ofrecía a 299 euros), y unos
modernos aparatos similares a cajeros automáticos desde los que, dentro de pocos meses, alemanes e
ingleses podrá descargar por Bluetooth y a sus teléfonos celulares un (sólo por ahora) restringido catálogo
de obras.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).


Fotos: 1. © Eflon / 2. © NH567 / 3. © Beast Love / 4. © Stiwwe

2 comentarios:

Nacho Carreras dijo...

Hola Cristian,

No son ferias del libro son escaparates del negocio.

Saludos.

(Estoy bien peleo por ello, gracias por tu interés)

Morgenrot dijo...

Cristian, siempre presente aquello de " poderoso caballero es don Dinero ".

Me alegro volver a aterrizar en este mundo virtual tan dulce y completo como es tu blog.

Besos fuertes,