miércoles 15 de julio de 2009

Por la sangre


El blog-revista “Los asesinos tímidos” que dirige Juan José Burzi publicó este ensayo sobre “La sangre del escritor”, como tópico y título. Me gusta lo que escribe Irribarren en defensa del escritor. Siempre comento que se juzga más al escritor, dúctil a los designios del mercado y nunca al lector. Por eso valen la pena Kafka y Pessoa, cuando se piensa en esa dificultad que los acompañó mientras vivían y lo que produjeron como material literario. Y ese pensamiento volvió a mí mientras avanzaba en la lectura. Me llamó la atención el título, me pareció ya haberla escuchado la frase hace muchísimos años (cuando el Discman era el futuro) en una conversación con José Balza. Los recuerdos se mezclan tanto que no puedo asegurar si fue él quien me lo dijo.

No creo que la literatura sea un trabajo, puede llegar a ser una carrera; en el contexto (ver ensayo) la expresión puede transitar campante. La literatura da trabajo, si queremos ponernos sarcásticos, resumir las mil y una que nos hace pasar, el no haber optado por carreras más cercanas al cobre como la ingeniería o el derecho o la maqueta contrapuesta del oficio de escribir que recae en el periodismo reporteril, la redacción de tarjetas de cumpleaños o de mensajes de galletas chinas de la suerte.

La literatura es una disposición ante la vida. las monjas no se ponen el hábito para luego montar cadenas de hoteles o lanzar colecciones de ropa onda sacra; ni tampoco viven lamentándose de todo lo que una vida mundana les hubiera podido ofrecer. En la literatura hay un “mundanaje” astronómico, y menos mal, pero ese afincarse sobre papel o máquinas varias mientras otros viven lo que uno sólo puede narrar comparece envuelto en una especie de hálito ontológico: un llamado; la posibilidad de que muchos hayan escuchado mal, también es factible.

El comentario inicial es un abreboca, una espina reflexiva que me permitió liberar lo que pensaba. Ricardo Irribaren se encarga de desmentirse (por algo que menciona al principio y no comparto), por así decirlo, y sugiere una especie de vocación trascendental que resguarda el propio esqueleto del escritor. Resalto esta afirmación que luego leerán con su antes y después: "Quizá me objeten que la meta de todo escritor es publicar. Por el contrario, el primer objetivo de todo escritor es escribir; y no sólo escribir, sino escribir bien y en lo posible, de modo genial."


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LA SANGRE DEL ESCRITOR, por Ricardo Iribarren (desde Colombia)

Si usted paga para publicar un libro, es usuario de planes de turismo literario, de agentes que por mil euros más o menos le arreglan la promoción en las gratuitas redes internáuticas; si contrata costosos correctores y participa en antologías cuyas páginas parecen impresas con tinta áurea por sus elevados costos; si está convencido de que esa es la realidad de la literatura, no lea este artículo.

Parto de un solo principio: un escritor no debe pagar para ser publicado . Lo que realiza es un trabajo y como tal, puede publicar sin cobrar, pero nunca desembolsar dinero por hacerlo.

La verdad es evidente, pero la oculta una suerte de emocional colchón extraliterario. Cuando empezamos a escribir y recibimos los primeros elogios, surge la satisfacción y la necesidad de ser leído por grupos más amplios, lo que es una búsqueda de aprobación; sentimiento muy humano, pero que constituye la herida por la cual editoriales de segunda, grupos de promoción, correctores o pretendidos agentes literarios, empiezan a sorber la sangre del escritor.

En otra época fueron los críticos profesionales; escritores frustrados que se adueñaban de las secciones literarias de los periódicos y aniquilaban sistemáticamente a literatos jóvenes. Roberto Arlt, el genial novelista y dramaturgo argentino, se enfrentó a estos personajes y hasta mucho después de su muerte siguió denostado por la literatura oficial.

Hoy se considera a los escritores como objeto de mercadeo. El lenguaje utilizado no es como el de los viejos críticos profesionales, agresivo, doctoral, lleno de cánones y dogmas. En muchos casos se trata de una sutil adulación y en otros de la creación de un falso espíritu de grupo que somete al novel escriba a rígidas pautas.

Hay una lista de correos en España cuyos dirigentes se ocupan de nuclear grupos de escritores en torno a pautas estrictas sobre la poesía, convenciéndolos que “eso” es lo correcto y lo demás está equivocado. Un poema no debe rimar en absoluto. Si hay una coincidencia entre dos vocablos es un lamentable error que se debe corregir. La poesía no debe describir ni narrar y cualquier sospecha que apunte a eso, la descalifica. Quienes participan de este grupo escriben para ser aplaudidos por los propios miembros, afirman que “por fin están aprendiendo” y todo termina fatalmente en la consabida antología, cuya presentación coincide con una lujosa fiesta. Cada una de las páginas es carísima, teniendo en cuenta los costos reales de edición y el resultado final es un libro mal impreso, con una encuadernación pésima que sólo será leído por amigos y familiares del escritor y que al ser mencionada como antecedente en las grandes editoriales tendrá un resultado negativo.

En las llamadas Redes Sociales de Internet, hay quienes ofrecen por una cantidad insólita de euros la presentación del escritor en Youtube, diversos buscadores, Facebook y blogs de Internet cuyos servicios son totalmente gratuitos. Los oferentes alegan que su trabajo consiste en crear redes de amigos entre quienes se promocionará la obra literaria, cuando en realidad los portales mencionados están armados para que una persona se vincule con toda facilidad con muchas otras. Podría pensarse que el servicio incluye un trabajo de diseño, pero ni siquiera es así, ya que la dirección Blogger.com, vinculada a Google y con la cual trabajan, tiene una selección de plantillas prediseñadas y subir videos y cualquier tipo de material está simplificado por los modernos programas. Luego de leer la publicidad, no me pude enterar qué era lo que realmente se ofrecía.

Quizá me objeten que la meta de todo escritor es publicar. Por el contrario, el primer objetivo de todo escritor es escribir; y no sólo escribir, sino escribir bien y en lo posible, de modo genial. No conformarse con la mediocridad. Seguir este postulado puede llevar años e ingentes esfuerzos y requiere de una entrega sin límites. Si no me esfuerzo en una obra literaria, si aún creyéndola concluida no la empiezo nuevamente y escribo dos, tres versiones de la misma a fin de profundizar su sentido; si no recurro al sobreesfuerzo que consiste en comenzar todo una y otra vez, sin las urgencias de una edición, mi escritura será mediocre, no mala (la mala literatura tiene sus propios méritos); reflejará algo a mitad de camino entre el error y el acierto que publicado en un papel , leído con cierta emoción en la noche del bautizo , resonará como una voz heráldica en la que los errores serán disimulados por la imaginación del autor y la condescendencia de parientes y amigos que finalmente se quedarán con los libros.

No estoy desvirtuando el trabajo de escribir, sólo digo que no está bien enfocado, que no debemos conformarnos con la primera visión que nos visita y que al no someternos a la ascesis que nos propone, se termina retirando.

Escribir sin pensar en el exterior, concentrados sólo en nuestro propio lector, sin importarnos la trascendencia o el olvido. Lo esencial es que tengamos la convicción de iniciar un camino único, intransferible, donde las dificultades pondrán a prueba nuestra constancia, y las primeras que se presenten serán los cantos de sirena de aquellos que prometen la gloria a cambio de sumas de dinero, los que en el inicio de una carrera nos tientan a obtener créditos fáciles y un reconocimiento y fama. Nunca llegarán accediendo a sus propuestas.

Debemos escribir con nuestra sangre, con la conciencia de que ese fluido es lo más valioso que existe en el universo. No podemos dejar que esa extraña cruza de mosquitos y murciélagos logren alimentarse con ella.



Fotos: 1. © Celeste / 2. © Xapaburu / 3. © NebulaskiN / 4. © Francis Mariani

11 comentarios:

CB dijo...

Gracias por esto. Gracias y saludos.

Rikardo dijo...

Estimado Christian

Me pareció excelente, profundo y agudo el comentario con que presentaste mi breve artículo "La Sangre del Escritor".

Te comento que por razones de espacio hay una parte que no fue publicada en "Los Asesinos Tímidos". Si te interesa te la puedo hacer llegar. Mi correo es nnnulo@gmail.com.

En lo que falta hay referencias a Juan Carlos Cucalón, Gao Xhingxiang y Jenny Downham.

Un abrazo

Blanca Estela dijo...

He notado cierta emoción en éste diálogo con tu escritor, o quizás me equivoque y en realidad sea mi propia emoción. Estoy de acuerdo con lo que dices, no tengo mucho qué agregar.
Justo me leo ésto cuando me acomodaba para corregir unos cuentos escritos hace años. Es muy cierto eso que no hay mejor crítico que uno mismo.
Vayan abrazos

Damián González Bertolino dijo...

Gracias por compartir este material, Cristian...
Además, noto en esta entrada un tema que creo he notado en otras entradas tuyas, y es el la "acusación" (llamémosle así) al lector...
Abrazo...

Señorita Cometa dijo...

Me gusta la crítica que se hace en el principio del artículo, pero en la segunda mitad, cuando se define que es escribir, me parece que se cae en absolutos que no comparto. ¿Se combaten los absolutos con más absolutos?

Cristian dijo...

Cometa,

Cada quien enfrenta sus propios absolutos. No veo nada extremo en esta afirmación, salvo un amor profundo por lo que se quiere: "Escribir sin pensar en el exterior, concentrados sólo en nuestro propio lector, sin importarnos la trascendencia o el olvido. Lo esencial es que tengamos la convicción de iniciar un camino único, intransferible"

Cada quien añadira sus particulares a esta premisa universal.

Define escribir.

Abrazo

Cristian dijo...

Hola Rikardo,

Paso en lo que encuentre tiempo. Gracias por lo de Excelente, profundo y agudo.

Abrazo

Cristian dijo...

Blanca,

No hay nada más pleno en todo este universo de la escritura que lograr un efecto genuino en otros; me alegro que haya sido así con vos.

Besos

Cristian dijo...

Damián,

Jamás podría acusar al lector, yo soy uno, y no me presto a esos juegos. Obviamente, el que queda al descubierto siempre es quien escribe y no quien lee. Pero el lector tiene sus responsabilidades.

Abrazo

Cristian dijo...

Lo mismo que le dije a Blanca va para Damián y Cristina.

Damián González Bertolino dijo...

Crisitian:

perdón por volver a comentar mucho tiempo después..
Desde luego, me parece que le erré con lo de "acusar", es demasiado desajustado. Simplemente quise decir que te interesa mucho reflexionar en que el lector también tiene sus responsabilidad, aparte de sus derechos... Sobre eso había leído en algún otro post tuyo y lo relacioné con esto.
Un gran abrazo.