
"No sabemos nada. Ni qué es la verdad, ni para qué sirve..."
María Fasce
Creo haber mencionado en alguna nota porteña mi curiosidad por la literatura de María Fasce. En uno de mis consecuentes recorridos por pasillos adosados de libros di con su segunda colección de cuentos y desde entonces es como si la hubiera leído desde hace veinte años, cuando quizás su única preocupación era aprobar los exámenes del colegio y descubrir su femineidad en su Lanús natal.
El epígrafe de Murakami que antecedía el texto aceleró todo protocolo. Un buen epígrafe dice mucho de lo que está por leerse y acerca, satelitalmente, al escritor con su lector. Es un arte en sí, que requiere una destreza y una paciencia particulares. Leer los epígrafes de las novelas me ayuda a establecer vínculos con la historia que voy a presenciar; me trasparenta las barreras y los prejuicios (determinando otros), dejándome en la puerta, con torrentes de hipersensibilidad.

La verdad según Virginia (2004) le confía a Cesare Pavese su “overture”: “Lo tremendo es que, no sabiendo qué es la verdad, sabemos sin embargo qué cosa es la mentira.” Esa frase determina irrevocablemente el tono de la novela y contrasta con el título facilitándole un sentido irónico al mismo. El conflicto de la protagonista no es más que un punto de vista, un acercamiento a sus conductas. Su verdad (o sus ficciones) confrontada a la de los demás, a contramano (al igual que el título y el epígrafe).
Virginia Gadea está siempre mesurando sus acciones, palabras y gestos con todo su ecosistema: su madre, Buenos Aires, Diego, Santiago, Tomás...
“Vivir es mucho más difícil que manejar. Mi padre me enseñó las señales de transito. Me han servido más que las reglas que me ha enseñado mi madre. Pero se suponía que debía dármelas, del mismo modo que yo debería dárselas a Agustín.” (Pag. 251)
Sistemas de valores: el suyo y el de otros en constante ambigüedad, desmenuzados en detalles que tocan elementos tan cotidianos como el vestirse o ir a la panadería.
El discurrir emocional de Virginia inicia cuando Santiago, un viejo amante devenido amigo por eso que confieren las distancias irrecuperables, anuncia su llegada a Buenos Aires y va a pasar las noches en casa de ella, ahora casada y con un hijo. Nada de eso la restringe de revolver en sus historias pasadas, de seguir llevando en la piel los sudores de un tiempo, con una facilidad que pone en aprietos toda conjugación verbal: “También es una manera de exorcizar la tentación y los recuerdos”. Eso estaría por verse una vez que los cuerpos de Santiago y Virginia pernocten bajo la misma luna y la misma jurisdicción.El encuentro con el pasado puede acabar con todo idealismo; es ese el exorcismo en el que pretende adentrase la protagonista. Puede uno encontrarse con ideas embalsamadas en falsos recuerdos, como cuando se revuelven bauleras sin entender muy bien el significado de las cosas que allí vegetan. Notas perdidas que se prestan a nuevas interpretaciones de esos hilos que demarcan el trayecto.
Fotos: 2. © Ferran / 3. © Laura Iannuzzi






3 comentarios:
Hola querido, tiempo sin leerte, a veces tan metida entre pañales y trabajo...
Este es sin duda un biútiful blog.
Besos
Se le quiere siempre.
Y un biútiful blogger!!
Dakmar,
Dame unos meses y me encontraré en circunstancias similares.
Besos y gracias por la visita.
Publicar un comentario en la entrada