lunes 14 de julio de 2008

Cuando el disfraz aprieta


"Soy escritor", pero se lo repite tanto que a veces considera la reiteración una antesala de la duda. El trabajo diario, el placer de cometer errores y de salir a buscar el párrafo perfecto, sin coartadas que justifiquen lo contrario. ¿En que lugar está faltando la pieza que hila esa condición ineludible de héroe que todos llevan dentro? No encuentra la brecha, la marca que separa esas dos montañas y que termina por moverle hacia ese lado alternativo y peridural que nunca tuvo en mente. El futbolista se levanta, entrena, tiene días malos y jornadas de gloria; gana partidos y pierde, gana copas o huyen de sus manos en un soplo, un artificio. El empresario, invierte, arriesga, le sube el colesterol y grita con desmesura a su entorno. Igual con el músico, la puta y el travesti; pero los mueve un deseo de ser lo que en realidad son: naturaleza viva.

© 2008, Cristian Piazza

Foto: © Cayusa

1 comentarios:

Morgenrot dijo...

La naturaleza viva ambién tiene sus ciclos, sus momentos álgidos y sus paradas.

Supongo que el escritor tiene estos vaivenes y parece que tu vives con tanta intensidad tu profesión, que no tienes "parones" de papel en blanco...

Bonita entrada.

Saludos