miércoles 25 de junio de 2008

Un universo llamado Aira


Un sogno è un ricettacolo di verità esoteriche, di segreti preziosi: rimane affascinante fintanto conserviamo la sua aura di mistero.
Federico Fellini


Acercarse a un libro de César Aira sin tomar las precauciones necesarias puede resultar en dos esquinas extremas muy demarcadas: La fascinación y la idolatría por un lado o la decepción, el asombro y el aborrecimiento por el otro. No hay medias tintas para el lector de Aira, si esa clasificación pudiera llegar a existir.

Considerada una de las voces más importantes de la literatura argentina contemporánea, su trabajo es tan prolífico como desconocido. Publica con una facilidad prodigiosa, al igual que un chef en el manejo de las sartenes a la hora del apetito. Tan solo en 2007 fueron editados: Pequeño manual de procedimientos; La vida nueva; Picasso y Las conversaciones.

Sigo creyendo que la mejor manera de aproximarse a su obra por primera vez amerite una señal de advertencia, como esas que suelen pegarse en las cajas de cigarrillos. No porque la obra de Aira sea nociva para la salud, pero si porque desestabiliza todo esquema previo; ya sea que estemos hablando de las expectativas del lector y su experiencia como tal y la de sus colegas escritores y sus formas de narrar.

Para explicarlo con una imagen, la narrativa de Aira es como una pelota de goma en un cuarto estrecho sin ventanas: las posibilidades de rebote son amplias e impredecibles. Mi primera experiencia fue Embalse que fue escrita en 1987 pero publicada en 1992. Dejarse llevar por la descripción de la tapa sólo puede empeorar las cosas. En principio porque las primeras cien páginas dicen todo lo contrario. Hay frases bien acicaladas; notas de un paisaje rural de calma infinita; la vida de un pueblo y el punto de vista del personaje-narrador que se separa de la metrópolis y señala con facilidad el contraste. El ruido o su metamorfosis orgánica no escapa a sus comentarios:

"Los ruidos de la noche subían discretamente a la montaña por sus caminos preferidos. Salvo la conversación de los loritos, que habría resultado incongruente a esa hora, todos los demás eran posibles. La curva de la ruta que abrazaba la montaña se llevaba rápido el susurro de un auto, y en el vacío subsiguiente crecía el zumbido de millones de chicharras u otros insectos equivalentes. Este zumbido se confundía con el del silencio mismo."

Cinco capítulos de prosa refinada, de monólogo interior y de pequeñas acciones que se adhieren al ritmo del embalse; zona apacible de sierras donde la actividad es mínima y las siestas muchas. De repente, como si nada de lo anterior existiera, comienza una nueva historia donde hay gallinas mutantes, transexuales, futbolistas hinchados por sustancias prohibidas (profético en su conjetura) y radioactividad, y un final que ni el más detallista de los críticos hubiera podido calcular. La lógica de esos personajes que hasta ese punto eran corolarios de una rutina, se trastoca. De figuras accesorias pasan a ocupar lugar protagónico y desequilibran la quietud citada periódicamente. Si uno suspende la lectura por unos días justo en ese vértice, puede llegar a creer que ha tomado el libro equivocado o que el calor alteró el contenido de las páginas. Leer Embalse es como sentarse a ver una película de Sidney Lumet y repentinamente, sin cambiar de canal, pasar a una cinta de Ed Wood con sus guiones bizarros, y la incredulidad como meta de todo espectador.

A propósito de la más reciente novela de Aira: Las aventuras de Barbaverde, editada por Mondadori, Pablo Gianera escribió para LA NACIÓN:

"[...] Pocas veces la imaginación de Aira fue tan profusa y rocambolesca (para usar el adjetivo con el que el autor califica los artículos de Sabor) como en estas cuatro novelas, o única novela en cuatro partes. [...] La historia no es para Aira el ordenamiento de los hechos (en verdad no hay en esta novela "hechos" en sentido estricto) sino más bien el despliegue de una simultaneidad, la simultaneidad ciega de la imaginación."

Para concluir que:

"El problema por excelencia de Aira es la verosimilitud. La solución que encontró es la más difícil de todas, una que podría parecer casi imposible: inventó un "verosímil Aira", sostenido por su figura de autor, que justifica y subsume las inverosimilitudes. [...] esa imaginación ocupa casi todo el espacio. Su cabeza pende en suspenso sobre las nuestras. Y nos mira."

Advertencia: Por favor ajustarse el cinturón de seguridad, Está a un paso de ingresar a la dimensión Aira.



Fotos: 1. © Robin Keefe / 2. © Simon Pais-Thomas/ 3. © Álvaro García - EL PAÍS

5 comentarios:

Cíclopa dijo...

Quiero usar esas zapatillas
las que nunca tocan el suelo,



Un abrazo,


con Aires de Cóclopa.

ANA DE LA ROBLA dijo...

La próxima semana tenemos al maestro en Santander, imparte un seminario de literatura que intuyo será de lo más peculiar...
Besos.

mariano sandokan dijo...

Leí tu post sobre Aira, que curioso que coincidieramos en el mismo libro para iniciarnos en el mundo Aira.

Hace poco leí El tilo, ahora leo Cómo me reí y seguiré con Una novela china.

Aira es buenísimo a veces.
otras, mejor cerrar el libro

Cristian dijo...

Hola Ana,

Si asistes al seminario me cuentas.

Beso

Cristian dijo...

Mariano,

Bienvenido. Como lo dije al principio del artículo, con Aira no hay medias tintas.

Encuentro más de una coincidencia entre nosotros. El "Embalse" de Aira, "Baroni" de Chejfec y también los cuadernos Rivadavia. Todo lo que escribo a mano tiene el sello Rivadavia.

Abrazo