
Jami Attenberg acaba de publicar su primera novela. Para muchos podría pasar desapercibida. Tropecé con el texto en una librería de Los Angeles y no lo compré. Semanas después supe que estaría presentándose en un evento local, a pocas cuadras de casa, y fui. En resumen, pude concluir “extraliterariamente” que tiene una oratoria que trabajar: mucha charla informal, un pasado en publicidad y coloquialismos mediáticos que no intento calificar de despectivos, aunque admito el prejuicio. Leyó y agradeció la presencia de sus amigos; toda principiante (ella parece una pero no lo es) parece necesitar de ellos en esas instancias de la carrera. Sin embargo, terminé otorgándole el beneficio de la duda porque los nervios se comen hasta el mismísimo Gabriel García Márquez.
Jami es desinhibida, carece de todo academicismo; su rollo es escribir. Y esto, en principio, lo hace bastante bien. Le preguntaron a dónde quiere llegar con cada historia y su respuesta fue que no quiere llegar pero sí deshacerse de algo. Podríamos decir entonces que escribir es su catarsis, su laxante natural. La han entrevistado en muchos blogs y sus respuestas son directas, espontáneas y el diálogo se sitúa presto en la calidez, falta la cerveza o la copa de vino. Ella misma tiene su blog. Cree en ellos como canal de contacto entre editoriales y escritores.
Su personaje, Jarvis, tiene la vida colgada de alfileres desde hace 6 años; los mismos que su esposo ha vegetado en un hospital luego de sufrir una aneurisma y una caída en su entonces taller (en ese orden). La novela abre impecablemente. Habría que preguntarle cuántas veces ensayo esa primera frase: “I have been waiting for my husband to die for six years”. Quien se libere del contexto o simplemente se salte la descripción de solapa, inquiere sobre los motivos que incitan a la protagonista a buscar ese desenlace. Walter Mosley diría más o menos así: “Lo que importa es engolosinar a los lectores con los apuros de la protagonista (en este caso, una crisis) [...] No existe novela a menos que el protagonista viva una transición...”
Lo que encuentra afuera, en el barrio de Williamsburg, Brooklyn, tampoco la satisface. Son dos las realidades que tiene que presenciar; ella transita suspendida en ambas: ausente. Esos escenarios son valores opuestos de un mismo observador, no se reconocen entre ellos porque no existe un punto de enlace. Jarvis, que es enclave, pero también la única que puede rebajar las distancias y los velos entre esos dos mundos geográficamente cercanos irá tomando acciones a medida que se descubre traicionada por su entorno (sobretodo Alice, la dueña de la galería) y por su mismo esposo: “My bones, my spine, my veins, my muscles, my blood, my cells collapse within my skin. There is a small pause, and then I am suddenly fucking freezing...” (p.122)
Sus capítulos están bien alineados; el desorden hecho libro igual promueve esa apariencia simétrica. Existe una estructura narrativa de ritmo estable; concediendo pausas a la acción que consiste en ir de un lugar a otro (casa-hospital-lavandería) y hablar con sus tres nuevos amigos: “the kept men”. La novela tiene tres partes. El final de cada una de ellas representa un pico trascendente, un nuevo giro, al estilo telenovela carioca o Los Sopranos, para que nos entendamos todos.
Jarvis documenta en su narración sus propias perplejidades y las de sus nuevos acólitos: El músico devenido escritor, sólo por compromiso, y el amigo de su esposo, Davis, que la aprieta mucho cuando la abraza; las camas compartidas, algún exceso. En una entrevista realizada por Edward Champion Jami conviene:
“[...] Jarvis wanting to be taken care of. Or these men wanting to be taken care of. That there are these people in the world who look to other people to sponsor them or meet their needs. But they provide something in return. I think I missed the point that I wanted to make, which was that, after I had all these ideas about these characters and plot points, I came across the idea of being kept or held back. Once I realized that that was going to be the title of the book and that was a major theme, then it was really to go back to move forward and make sure that every character has something that’s holding them back or keeping them into their life.”
Leyendo me acordé mucho del título de una canción de Dexter Gordon: Everybody’s somebody’s fool. Juéguese a placer con el orden de los factores.
Ella le confesó a un curioso de la sala que su estrella vegetal personificaba a un ex-novio que en la vida real habría querido matar. He aquí su purgante, su quitarse de encima historias y relaciones oxidadas; restos que se aprehenden de los más ínfimos detalles y huelen a perfume barato.
Jami nos quiso decir que el género masculino (¿la novela es un género hombre o mujer?) está en crisis; con ella, con sus tareas y sus voluntades. Una cierta incompatibilidad que la obliga a narrarlos en clave de sorpresa; quizás en el desconcierto de sus acciones puedan llegar a una tregua. Mientras tanto, limpia.
Fotos: 2. © Mike Wood / 3. © Cyril Saulnier / 4. © Cristian Piazza
jueves 6 de marzo de 2008
Una voz particular: la novela de Jami Attenberg
Etiquetas:
Café literario,
Gotham
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7 comentarios:
Cada vez que leo una de estas reseñas tuyas quedo tan fascinada que me provoca salir corriendo a dar de narices con el libro y apropiármelo a pesar del beneficio de tus dudas.
Valgan ellas y valga además la oración final, me deja sumida en la más profunda reflexión.
Abrazo,
OA
Buen análisis de una novela, aunque no la haya leído, pero se deja translucir un buen trabajo por tu parte.
Como decía Goethe, " Una novela es la narración de algo inédito". A mí no me ha atraído lo que cuentas de la novela en cuestión.
¿Sabes?, sigo muy apegada a los clásicos, porque casi nunca defraudan.
Ahora leo a Von Kleist, quién está absorbiendo mi mente y sus historias quedando grabadas como obras maestras que son.
Saludos cordiales desde España
Ophir,
Darse de narices contra el libro... espero que pronto pase lo mismo con alguno de mis libros.
Gracias por tus palabras...
Beso
Morgenrot,
La novela tiene otros temas que no toqué pero que no tienen porque ser cercanos a tu realidad.
Los clásicos son infalibles, el simple hecho de perdurar en el tiempo es casi una garantía, pero negar la nuevas voces sería como negar mi oficio de escritor.
Abrazo
No sabía que te dedicases ¿ por completo? a escribir.
Seas escritor independiente o no, el mero hecho de serlo ya dice muchas cosas de una persona.
Me gustaría y agradecería me indicaras un libro de recientísima elaboración, mejor si está escrito por tí, que a tu juico, merezca ser leído y absorbido. N.b.:que esté publicado en España, si es posible.
En espera de tus noticias y abusando un poco de tí, me disculpo, te lo agradezco y me depido hasta más ver...
Hola Morgen,
¿Cúal es tu nombre?
Como te habrás dado cuenta estoy leyendo a Millás, al que nunca le había prestado atención. EStoy lejos de mi biblioteca pero me gustaron mucho FIRMÍN de Sam Savage y EL CANTOR DE TANGO de Tomás Eloy Martínez, entre otros...Son muchas las coyunturas que te llevan a un libro.
Espero sirva.
Hola Cristian,
¡ Cuánto tiempo ! ; como sabes he estado de viaje unos días y todo se retrasa, pero te tenía en mi mente, así como la petición que te hice y que amablemente me has otorgado.
He anotado los dos libros que me indicas para adquirirlos. Ya te contaré. Muchas gracias de corazón por la molestia.
En cuanto a mi nombre, es el que indico: Morgenrot, que es palabra germana que significa Aurora, esa de rosados dedos según Homero, en español.
Un abrazo fuerte
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