miércoles 6 de febrero de 2008

Hoy es martes...


Hoy es martes. Llueve. No suelo hablar de política. No es mi maqueta preferida. Hoy, posiblemente lo haga. ¿Serán las primarias que hoy adquieren tinte local? Demasiadas cosas seguidas en una ciudad que no deja de sorprenderte ni de atontarte. El domingo los “Giants” (let’s go Giants, el grito de estas últimas horas) ganan un “Super Bowl” que parecía escrito y dirigido por Oliver Stone. Por supuesto que no lo vi. No logro acostumbrarme a ese deporte. El día que caiga esa resistencia, posiblemente caigan algunas de mis creencias y se destape algún tabú.

Pude entender la felicidad de un pueblo haciendo comparaciones (odiosas) con el fútbol. Las calles abandonadas de cierto resquemor apocalíptico, común en cintas reiterativas, me recordaron la final del mundial en julio de 2006. Todos en casa (o en bares), con los nervios apolillados al sofá. Las ventas de los restaurantes sin pantallas de televisión se desplomaron como el Dow Jones del 29.

Todo el aire contenido en los pulmones hasta el segundo final, como ante el tiro penal de Grosso. Luego despertaron las paredes y expulsaron a sus habitantes de la misma manera que un perro se sacude lo mojado. La ciudad dejó ese raro estado catatónico al que se había entregado sin ofrecer resistencia, aunque la misma solamente lo hubiere retardado pero no evitado. Volvió a discurrir a 24 fotogramas por segundo; el efecto de Final-cut pro disipado.

Ayer lunes asistí a un partido de los Knicks en uno de los peores momentos de la franquicia. Mi presencia fue más un acto de caridad que de fanatismo o de fidelidad hacia las causas perdidas. El lugar estaba casi al completo, y después dicen que la fe sólo se manifiesta en los muros de las iglesias. ¿No es acaso el Madison Square Garden una versión alternativa de templo que reúne distintos cultos y apóstoles?

La música, las distracciones son tantas que el partido es quizás una oración menor dentro de la sintaxis del evento. Las pausas son atacadas de inmediato para que no haya un segundo muerto, para desechar de la memoria alguna jugada poco agraciada. Las porristas cumplían esa función: despistar la mirada y enmascarar la furia y la decepción con libido. ¿Por qué no ponerlas a jugar a ellas? en vez de ver “instantáneas” de esa flexibilidad y movimiento que escapan a la corpulencia de los atletas. Si igual iban a perder, era preferible la gracia y el carisma de las porristas durante 48 minutos cronometrados, una y mil veces de cesta en cesta, que la ineficiencia asalariada de Lee y compañía. Perder contra los Clippers es similar a que Boca reciba una goleada de Platense ¡en la Bombonera!

Hoy es martes. Este país, culpable de tantas cosas y sin las contriciones de una cultura católica, quiere cambiar rumbo. Al menos en la fachada, como si la publicidad hubiese adquirido vida propia y en un determinado momento pasó a controlar los destinos de una nación. Hillary y Obama hoy (martes) se juegan un peldaño importante en algo que ha querido apodarse como “SuperTuesday”. ¿Quién se hubiera imaginado que la nueva versión de Roma, ortodoxa y signada por el arbitrio, podría ser comandada por una mujer o un hombre de color (mulato, pa’ no decir negro)? cuando hace sólo cincuenta años (y menos también) los negros no podían beber agua del mismo filtro y las mujeres podían ausentarse de la conformación de jurados por el solo hecho de llevar bragas. ¿Es esto evolución o un indicio de que se agotaron los recursos de un grupo dominante? Cualquiera que sea la respuesta, es un fenómeno interesante.

Paul Rudd me pasa por delante con un Obama adhesivo pegado al suéter. Una casa difunde dos carteles simultáneamente: For Sale y Obama 08. Creo que ambos están estrechamente vinculados. Tomo una foto con el celular para ver qué efecto tendrá el verla de aquí a unos años.

La contienda es tan atractiva, del lado de los demócratas, que ambos deberían contenderse la presidencia, no la candidatura de un partido. Quizás habría que inhabilitar cualquier otra opción por contraproducente, por perniciosa. De repente habría que incluir a Edwards que dijo cosas para calcar entre comillas; se dicen tantas cosas en días de promoción. Coldplay, de fondo, interrumpe y dice la suya: “I’m going back to the start”.

Hoy es martes. Hoy no me toca votar. Últimamente evito que el pasaporte coincida con el nombre del país que me aloja. Amenacé con hablar de política. Lo hice. Dulcemente.

Fotos: 1. © Celeste / 2. © Ollie Ingrouille / 4. © Cougar-studio/ 5. © / Patrick Giblin

5 comentarios:

niobe dijo...

A veces la política es igual que el deporte, grandes fichajes, publicidad, imagen, en fín que uno se olvida de lo que realmete importa y lo peor de todo, en la política no abunda el espíritu deportivo.
Un saludo.

Veronika dijo...

Para mi, hablaste muy bien de política, casi siempre cuando atisbo una letra de ese tema huyo "diplomáticamente" por la izquierda revoltosa. Pero tus conversaciones con café son irresistibles...

Saludos

Ciclopa dijo...

En difinitiva mucha ciudad

Ophir Alviárez dijo...

Lo hiciste dulce y suavemente. Quizá es como dices, que en esta Roma, se agotaron los recursos y siguen valiendo las fachadas, aquí, allá y más allá...

Cariños

OA

Cristian dijo...

Gracias por la visita.

La política fue una excusa para abordar otros temas, otras imagenes retenidas.

Besos