
Pasar dos días en París debería ser siempre una experiencia gratificante; no es que los franceses sean muy simpáticos y mucho menos los parisinos que arrastran consigo la típica arrogancia que se le adjudica a todo capitalino. Es aun mejor si tu novia es del lugar y te ofrece siempre un par de anécdotas que ennoblezcan el paseo.
Esta es la premisa que maneja Jack (Adam Goldberg) luego de un primer intento de pasar unas vacaciones románticas en Venecia junto a Marion (Julie Delpy) y hacer una escala obligada en el país de Renoir y Truffaut. 2 days in Paris (Deux jours à Paris) es una película de pocas pretensiones pirotécnicas, con un presupuesto limitado, pero con una estructura basada casi por entero en diálogos ingeniosos y desinhibidos.
La ciudad se le presenta hostil desde el inicio, cuando encontrar un taxi requiere de habilidades especiales. Jack es neoyorkino y está junto a Marion desde hace dos años. Ella dejó París por Nueva York y allí lo conoció. Para él una ciudad sin taxis es como un hospital sin enfermeras.
La cinta presenta un catálogo de personajes estereotipados pero sin exagerar sus pruritos (salvo la escena del taxista xenófobo), cosa que los hace creíbles. Los personajes son, hasta cierto punto, caricaturescos: lo son los padres de Marion (pienso en Asterix) y el catálogo de ex-novios que va conociendo. Marion no es lo que parece. En Nueva York y junto a Jack es una mujer que puede prescindir de su pasado; a la distancia los recuerdos se vuelven selectivos. En una de las primeras escenas la voz de Marion nos presenta su peculiar manera de ver el mundo debido a un defecto congénito en sus retinas. También nos dice que es fotógrafa pero que durante este viaje (incluida Venecia) el dueño de la cámara es Jack. ¿Nos está queriendo decir que es él quien va a contarnos la historia, con todas las hipotenusas del caso?¿Será un mecanismo de defensa para aligerar las impudicias?
El contraste entre franceses y norteamericanos es evidente y necesario para la historia. Jack narra, presenta, acomoda, distorsiona y verifica los elementos del relato, pero es Delpy la que lucha por desapegarse de los clichés de norteamericanos y franceses, porque le toca directamente. Ella es la prueba de que ambas identidades pueden llegar a coexistir.
La primera película dirigida y escrita por Julie Delpy está adornada de detalles que tienen parentesco con la serie Before sunrise /before sunset que ella misma protagonizó junto a Ethan Hawke. Y no es una acotación despectiva. La diferencia reside en el tono: esta es una comedia, a pesar de todo. El final de la primera parte del filme de Richard Linklater ofrece demasiadas incógnitas sobre el destino de la pareja protagonista, pero los rollos de cinta registrados calzaron con la idea original, expresada de entrada en el título. Hubo un segundo encuentro nueve años después. Los personajes crecieron, se hicieron grandes, juntaron arrugas y alguno que otro complejo que una primera juventud no pudo subsanar. El segundo encuentro se dio en París y el final es aún más abierto que el primero. Si aquel cifraba las esperanzas de un encuentro cercano, de una segunda parte; tal como sucedió, este desenlace (“Fade to black” en el mejor momento) nos dice que podría haber tercera y cuarta parte si se lo propusieren, hijos y nietos incluidos. 2 Days in Paris puede ser una tercera versión, una de las tantas hipótesis que pudieron haber surgido, con elementos de Shakespeare, Woody Allen y una pizca del Bergman más socarrón.
Jack fue criado con la idea de que el inglés es el único idioma necesario. En París sufre la incomunicación. Su sentido crítico no perdona ni siquiera a las compañías de preservativos franceses; su relación con Marion se pone en entredicho, atrapada entre el bullicio de la noche parisina y la gente que lucha, como él, por liberarse de todo prejuicio. Lo que en principio no pasaría de ser una escala para repasar el mapa de las calles y los monumentos parisinos, se convirtió en una especie de Otelo improvisado (con el instinto asesino aplacado) donde un celular hizo las partes de pañuelo; todo al mejor estilo Woody Allen (creo que esto ya lo dije), con amplias descargas de neurosis.
No hay nada como visitar tu pasado para poner a prueba una relación...






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