viernes 10 de julio de 2009

Canon inverso


El pánico es el instrumento de los que esculpen la mentira

© 2009, Cristian Piazza


Foto: © Ia7mad

miércoles 8 de julio de 2009

Averías del tiempo


La entrada de un diario de autor ignoto en los restos de un depto. olvidado, fechado 14 de junio:

“Los domingos a la noche, donde se pondera la semana a ver si la contabilidad cierra. El sentimiento es casi imperturbable; tantas asignaturas pendientes. El tablero del reloj sigue contando las mismas horas del recorrido; está el goteo incesante del segundero que penetra en los huesos, taladra en la mudez de la oscuridad, empero algo parece haber cambiado y me cuesta creer que haya palabras que obren una explicación, un poner sobre la mesa los objetos y darles un nombre.

Sospecho que un Philip Dick lo intentaría en una de sus novelas realistas, porque lo fantástico parece asirse mejor en los pliegues de la normalidad; algunas de esas novelas que se comenzaron a publicar bastante tiempo después de ser [Philip] banquete de larvas. Recuerdo haber empezado a leer una (Voices from the Street), su segunda novela en absoluto, olvidada y separada del género que lo convertiría en muletilla de Hollywood. Su material es altamente cinematográfico; propenso a dispararse en cualquier dirección. Tan mal interpretado Philip en los pasillos de los estudios.

En esa novela, donde califica a los intrusos del modelo de sociedad que conocemos, hay frases demasiado aforísticas (y premonitorias al mejor estilo él) para ser ciertas, y sin embargo lo son; basta tan solo pensar que fueron escritas en 1952. Por eso mi sospecha inicial que una mente como la suya pudiera tomarse ciertas molestias en delinear aproximaciones, sin abandonar la perplejidad.

Creo que nuestras órbitas se están acelerando y la percepción del tiempo es cada vez más tenue, que nuestras 24 horas no tengan ningún parentesco con las de hace 50 años. Las semanas, qué decir de las horas, se deslizan con facilidad acuosa. Hoy caminando por una vereda soleada vi en las paredes de un teléfono público, instrumentos cada más obsoletos y objeto de saña de los vagabundos, un insulto al tiempo. Alguien dejó su descontento por escrito y al sol: ‘Time is a bastard’. La traducción sería redundante y, que nadie se ría, una pérdida de tiempo.

Es una sensación tan vulnerable como una picazón cuando te hablan de hormigas. Me digo si será el efecto de tantos satélites gravitando sobre nuestras cabezas, tantas nuevas ondas electromagnéticas invisibles como espías las que intercedieron en la decisión de apretarle el paso.

¡Qué joda! Estoy en la posición de quien sabe que hay que apurar las lecturas; los ritmos están comprometidos y eso implica reordenar la habitación. La lectura de policiales: signos de puntuación en la sintaxis de otras lecturas. Estoy disciplinándome en el género del que hace poco conocía migajas.

Comienza a caer la noche. Veo pasar a la misma chica en la misma dirección por segunda vez (cuestión de un minuto), acompañada de personas distintas, ¿cómo es posible? ¿algún corto en la matriz? La temperatura tiende a la baja y mis reservas de calor igual.

Uno que con el tiempo tuvo sus charlas, Jorge Luis Borges, un día como hoy le ganaba alguna apuesta y se transformaba en algo igual de escurridizo. ¿En los laberintos corre el tiempo?”




Fotos: 1. © H.koppdelaney / 2. © Glenn Fleishman / 3. © Toni Verdú Carbó / 4. © Practical Owl / 5. © Gisela Giardino

viernes 3 de julio de 2009

Aliciente para la lectura


Nunca están de más...

martes 30 de junio de 2009

Oloixarac, costumbres, escritura y Maicol


“Asombra que el invento haya engañado al inventor”
ABC


Pola Oloixarac (Las teorías salvajes) dejó en su blog esta suerte de necrológico, teñido de memorial proustiano y de taller de escritura a la Steinberg. Laird Hamilton, antes de bailar entre olas gigantes escucha infinitamente una sola canción (ver video). Un comentarista anónimo dice “lo más imbecil de la Argentina ocurre en este (ese) blog”. Si cree en lo que dice, el anónimo entenderá que él es producto de su propia imbecilidad, al punto de donarse como materia prima de lo que anuncia. Pola se ríe y yo también asomo el carcajeo...Blame it on the boogie



***


Friday, June 26, 2009

Maicol tu corazón hizo *pop*


ayer me preguntaron x por costumbres escriturarias y aporté mi verdad metódica: me gusta escuchar el mismo tema en repeat durante horas. eventualmente tengo que cambiar el tono, o ya no me sirve, entonces cambio el tema. cuando lo digo las caras suelen fruncirse de horror (el horror aumenta cuando digo qué escucho: pop del peor y el absoluto). para escribir, hay que estudiarse y experimentar como un científico sobre una ratita: i.e. el placer de la distracción es muy diferente en naturaleza del placer ad intra de la concentración. concentrarse es crear un laboratorio y las condiciones para que funcione: escuchar el mismo tema ad infinitum me permite prever mentalmente los crescendos, las repeticiones dentro del tema: es una plataforma de sonidos en movimiento que me permite obturar partes del cerebro que de otro modo estarían atentas a captar estímulos del exterior; en suma, es perfecto para estar en un mundo y no salir durante horas. Blame it on the boogie, de la primera parte de la carrera fabulosa del geñal Maicol, tiene algo especial para mí, cual golosina de endorfinas pavlovianas: lo escucho y me concentro, es el Wagner que me hace salir a conquistar Polonia. Creo que el tema me acaricia zonas de placer cerebral y las anestesia, dejándolas a merced de los fuidos internos del cerebro y su oleaje de palabras. Maicol, tu corazón hizo *pop* y mi cerebro con él:





Fotos: 1. © Patricia VH2

sábado 27 de junio de 2009

Fue un 27 de junio...


Vuelvo a lo que para muchos es una coincidencia; situaciones que pueden no albergar ninguna lógica, pasan y punto. Paradigma de lo kafkiano, como recordaba Guillermo Cabrera Infante en sus ensayos de cine: “cualquier extrañeza o arbitraria trampa”.

Hubo testigos. En una pausa decido entrar a la librería temática “Partners & Crime, Mistery Booksellers” en el viejo Greenwich Village. Ojear sería una excusa, un eufemismo. Fui a buscar una historia oscura, algún autor nunca antes leído, algún libro con evidencias concretas de un arte de la narrativa cada vez más adulto y plural.

Llego al gran Simenon. Una serie de bolsillo que la Penguin decidió lanzar en 2007. Escribió tanto que nunca logro decidirme por cuál empezar. Maigret me espera y su paciencia parece infinita. Pero llega aquí lo ineludible, la pista que me desliza hacia esa lectura. Tomo el primer ejemplar de la izquierda, para no dar muchas vueltas. Fue inocente el gesto, recuerdo; como siempre devolvería el libro, el que fuese, y seguiría mi ronda.

Abro la primera página, insisto siempre en el primer párrafo; es como probar el primer bocado de un plato que puede prometer euforias...la estoy haciendo larga, lo admito. Tal vez parezca imposible que alguien me crea, pero insisto, hubo testigos.

La traducción de The Bar on the Seine (1931) dice esto: “There are days like this, when ordinary life seems heightened, when people walking down the street, the trams and cars all seem to exist in a fairy tale.
It was 27 June.”


La paciencia de Maigret para conmigo había colmado su límite. De todos los libros que pude hacer míos esta tarde, de todas las probabilidades y anticipaciones estadísticas, mi mano (también izquierda) sostuvo ese. El primer mensaje lo entendí. La copia está aquí a mi lado. ¿Qué otra cosa hubiera podido hacer? El segundo, el que desató el encuentro de ese párrafo y una fecha (o esa arbitraria trampa que cité al principio), queda aun por descifrar. Todo un enigma de la verbalización numérica del mundo.




Fotos: 1. © Gauri Lama / 2. © Art Comments

miércoles 24 de junio de 2009

Cine y literatura (en italiano)

“Larga es la historia de la relación entre la literatura y el cine. Menos larga pero tal vez más importante es la relación entre el cine y la literatura.”

“Una cita de
Del amor se convirtió en mi primer encuentro con el cine de Federico Fellini y la metamorfosis de Stendhal: La strada es un espejo que se pasea a lo largo de un camino.”

Guillermo Cabrera Infante – Cine o sardina


Mi relación con el cine es demasiado directa. Muchas de las sensaciones que doy por vividas provienen de la sala oscura. Cuando vi por primera vez Nuovo Cinema Paradiso hace ya una legión de años, me quedé de piedra. Esa primera parte me espejaba de un modo difícil de explicar: la niñez al lado de un cine, el acceso a la cabina de proyección, y colarme en películas donde se necesitaban años que no había aún diligenciado.

La literatura es también cercanía. Pasan los años y es mayor el tiempo que paso a dialogar con textos que con personas, aunque pueda parecer algo triste. Mis itinerarios, reales o inventados, terminan vinculados a una página o a una escena, un intercambio, un fluir de diálogos y modismos.

El mapa de lo cotidiano sugiere siempre una cartelera, una vitrina con tapas multicolores; cada ciudad visitada ofrece el recuerdo de una sala, del modo en que vienen impresos sus boletos, de lugares mínimos abarrotados de libros, mesas de ofertas y nombres de autores que cuesta deletrear.

A principios de mes se realizó el ciclo de cine italiano en el Lincoln Center. El espacio fue bautizado hace nueve años como “Open Roads: new italian cinema”. Me sucedió una cosa que entra en el receptáculo de la anécdota o de la observación minuciosa. Las cuatro películas que vi tenían un vínculo casi sanguíneo con la literatura. Lo curioso es que nunca me propuse una programación que visitara esos parámetros. Mi criterio de selección se basó en el perfil del director, de los actores y en algún que otro eco llegado vía reseñas gracias a la plétora de información.

Tres de ellas eras adaptaciones literarias y la cuarta la dirigió un escritor, y no cualquiera: Alessandro Baricco. La que mejor se acercó a los esquemas narrativos fue Lezione21, precisamente de Baricco. Digamos que trazó el rodaje a su imagen y semejanza: cine como fábula, como sueño. Por un momento, no sabía lo que estaba viendo pero me gustaba.

Una película llena de preguntas y pocas respuestas (o ninguna) como él mismo ilustra. ¿Qué pasó la noche en que Beethoven dio a conocer la novena sinfonía? ¿Cómo fue recibida? Algún testigo, que llevaba un diario poco alegre, apuntó que fue un fracaso. Sabemos el recorrido que hizo desde entonces. Lo mismo le pasó a Fellini el día que estrenó La Strada, e igual suerte corrió Pirandello cuando presento a sus seis personajes en busca de ese algo. ¿Quien ganó, entonces? El filme no ataca estas dudas con una reconstrucción histórica, como lo hubiera hecho cualquier cineasta convencional (Jubílate Howard). Son tres historias que se mueven viciosamente en círculo; épocas distintas, dimensiones alteradas.

Lo onírico como baluarte, como lo anuncia la escena inicial y la historia del violinista que murió congelado junto a su instrumento y no hubo modo de separarlo del mismo. Podría ser una historia contada por Terry Gillian, Baz Luhrmann y Marco Bellocchio, con suspicacias a la Tornatore. Baricco añade también el formato documental; un texto, extendido en imágenes, que puede interpretarse desde distintas esquinas.

Las otras adaptaciones fueron “Come Dio comanda” dirigida por Gabriele Salvatores (Mediterráneo) de la novela homónima de Niccolò Ammaniti (Como Dios manda – Mondadori ). Una historia de amor y odio, de extremos. Donde matar o ser violentos son sólo utensilios a la mano. Un vínculo desquiciadamente cercano entre un padre y un hijo; un miedo pasmoso, la grande “paura” de siquiera pensarse distantes. El escenario: una ciudad postindustrial del Friuli. El actor Gabriele Timi, presente en la sala, dijo que la pobreza (condición en la que transitan los personajes) te hace generoso con el prójimo.

Le siguió “Il passato è una terra straniera” de la novela de Gianrico Carofiglio (El pasado es una tierra extraña – El ateneo ). Elio Germano es uno de los actores mejor cotizados de la escena italiana. No tiene el perfil de Stefano Accorsi o Mastroianni, pero la entrega y la veracidad que logra con cada personaje recuerda al mejor Giannini, el de las películas de la Wertmüller.

La versión filmica no se aleja casi nada de la novela. Bari, su lado más propenso al vicio, y la metamorfosis de un personaje modelo de cualquier familia de clase media-bien. Un efecto bola de nieve que se apodera del ritmo de la trama.

Finalmente, y libro que merece una nota aparte, fue “Un giorno perfetto” dirigida por Ferzan Ozpetek (La finestra di fronte) basada en la novela, también homónima de Melania Mazzucco (Un día perfecto – Anagrama). Una novela polifónica como la adjetiva La Vanguardia de España; muy cinematográfica diría yo, casi un guión en formato novela. Cuando la leí, hace ya un par de años, pronostiqué en voz baja que no tardaría mucho en convertirse en expresión cinemática. Melania tiene un pasado académico tanto en literatura como en cine; este último en el “Centro Sperimentale di Cinematografia” de Roma. Eso la coloca, a la hora de vincularse emocionalmente con sus personajes, a una distancia plausible que no empaña su voz de organizadora del juego narrativo.

Hasta aquí. Adjunto un video y después quedan los libros.





Fotos: 1. © David Zellaby / 2. © Fabio Colombari / 3. © Lesley Middlemass

lunes 22 de junio de 2009

La importancia de nombrar a Kafka


Kafka es un tema inagotable. Él mismo llegó a decir que se sentía literatura, antes que cuerpo y persona. Ese nombre va camino a “transformarse”, si ya no lo es, en un arquetipo de proporciones mitológicas. Incluirlo en el título de cualquier obra, por muy pequeña y apartada despierta súbitamente el clamor de las antenas. Llamar a un personaje “K” es dibujarle ya un perfil bastante aproximativo a los contenidos existenciales con los cuales suelen debatirse, repleto de connotaciones, siempre en busca de significados: “La tragedia de K (lo kafkiano mismo diría yo) es que trata de recordar quién es. El proceso es un proceso a la memoria.” avanza Piglia en Formas breves.

Ejemplos hay, como Ka, el personaje de Pamuk en Nieve (2002) , o una novela de Eduardo Liendo, desfachatadamente kafkiana como para que no queden dudas. Se llama Las kuitas del hombre mosca (2005) . En ella un vendedor de enciclopedias se transfigura en insecto. El primer apartado (titulado Bajo el sino de K) debuta con esta frase: “En los últimos días la incongruencia se había apoderado paulatinamente de todo su cuerpo...”

Paralelamente, Ensayos o referencias directas e indirectas en la formación de cada escritor o en obsesiones que involucran el oficio; una suerte de ritualidad kafkiana. En Vila-Matas es presencia insoslayable. Asimismo en Piglia; Kafka suele aparecer para explicar a Borges o como cita para corroborar alguna teoría sobre el cuento. Imposible dejar de lado a K (2002) de Roberto Calasso, apellido cuya grafía debería mutar a “Kalasso” sin provocar sorpresas. En el plano anecdótico también figura Jonathan Franz-en. En principio para negar a Kafka. Mientras leía El proceso en alemán le objeta su negativa al realismo: “Kafka was more like a bad dream I wanted to stop having”. Su profesor en ese seminario se exalta y esclarece: “Kafka was like us. All of these writers, they were human beings trying to make sense of their lives. But Kafka above all!”

Tengo varios libros sobre Kafka y me maravillo del interés renovado que suscitan en mí nuevas aventuras biográficas o noveladas sobre un individuo que de no haber existido lo habríamos tenido que inventar. Su modo de ver la literatura implicaba una vinculación total con ella. Todo lo que allí sucedía no dejaba exenta la posibilidad de afectar o modificar la propia vida, como si ambas se necesitaran con urgencia. Conciente de esto, llegó a escribir que la independencia de los libros, su existencia real, comienza sólo después de la muerte del escritor. Y este es quizás uno de los mayores atractivos de su obra para las generaciones que siguieron.

Entre los encabezados que me sugiere mi biblioteca están: El último amor de Franz Kafka un encuentro con el escritor a través de Dora Diamant, su última amante, y en cuyos brazos el escritor partió de la vida. Su autora Kathi, de apellido homónimo al de Dora, dice que “Kafka fue uno de los autores más incomprendidos del siglo pasado.” Afirmación que comparte Paul Auster en uno de sus ensayos: Las cartas de Kafka.

El novísimo de los visitantes (¿se le puede llamar así?) perteneciente a ese universo es Conversations with Kafka de Gustav Janouch, en una edición gringa de New Directions. (Ediciones Destino en Castellano). El libro se publicó originalmente en 1951 y reúne notas y recuerdos, sin una temática específica, de sus diálogos con él. En el epílogo Janouch confiesa que le fue imposible leer las novelas y los diarios de Kafka, en particular por esa proximidad durante los años de amistad: “The living Kafka whom I knew was far greater than the posthumously published books...”

Pareciera entonces que la incomprensión que mascullan tantos crearía las condiciones ideales para la cháchara. Sin embargo, todo lo concerniente a Kakfa se vuelve memorable. Incluirlo en cualquier discurso es una señal de vínculo con la literatura más emblemática de las últimas décadas, un interés genuino por desentrañar los misterios de un oficio que pocas veces se transita fácil.


PD: No me habría sentado a ordenar estas notas de no ser por este artículo del blog En minúscula. Kafka repito, es inagotable...



Fotos: 1. Y 3. © Andre Fromont / 2. © *SΛM / 4. © V.max1978

miércoles 17 de junio de 2009

Esquinas de aire


Hacía días que no se movía nada en mi. Las horas se sucedían con puntual aburrimiento. Llegada la noche, el cansancio de la inacción me postraba delante de la tele a ver partidos de baloncesto o episodios de series en un orden aleatorio. Hasta que una mañana las causalidades comenzaron a topar las esquinas.

Quedé en verme en un café con Chejfec luego de varios intentos fallidos. Acordamos otro encuentro cercano para improvisar una entrevista que también se venía postergando como la lectura de los clásicos. Antes de eso, a pocas cuadras de casa, me tropecé con un amigo que no veía hacía años y ese momento coincidió con su fecha de cumpleaños.

Volví a pisar el Village. La conversación descansó indefectiblemente en temas de escritura y lectura. Él que vivió en Caracas y yo que casi la comienzo a postergar; ambos ciudadanos del mundo. En las frases pronunciadas, una combinación de jergas ; algunas más inclinadas al lunfardo, otras a localismos caraqueños. A posteriori, un café a solas y un libro de un autor egipcio que se desarrolla en Chicago.

Los personajes que visitan la calle; da siempre gusto verlos, asistir a sus nuevas propuestas urbanas; algunos más tocados que otros, la ciudad es implacable en ese aspecto. También fue una bocanada de estímulo reencontrar caras conocidas; Paolo es un cantante de Ópera que quema sus mañanas atendiendo mesas. Es de Modena, y su parecido físico a Luciano Pavarotti es abrumador. Hagan ustedes sus propias conjeturas.

Paseo en círculo recorriendo el barrio y el espectro de sus calles empedradas. Left Bank Books me espera, ya lo sabe; una capilla donde el santoral está compuesto de autores, un lugar que alimenta mis sueños de librero rodeado de sus criaturas, taciturno. Encontrar lo que se busca, mientras se esquiva con gracia pilas de libros que van reclamando territorio. Compro un libro de cartas de Henry Miller y Wallace Fowlie, donde el primero escribe a principios de 1944: “I wrote my first poems a couple of months ago. A wonderful experience. I want to end up as a poet, not only in words but in action.”; me gusta meter las narices en la correspondencia ajena...




Fotos: 1. © H.koppdelaney / 2. © Ferran-Jorda / 3. © TremendousEd / 4. © Yanieck Mariani

sábado 13 de junio de 2009

Día del escritor en Eterna Cadencia


Hoy es el dia del escritor y tendrá que ver (no encaja otra posibilidad) con el natalicio de Lugones. Eterna Cadencia organiza este evento vespertino para darle más color a Buenos Aires que se ve devorada por promesas electorales, gripes y decepciones futboleras. Faltan pocas horas, ya sé; así que si alguien anda cerca, vale la pena una vuelta por la librería y si el presupuesto da, comprarse un compacto de Anagrama o Ciencias Morales de Kohan y aprovechar para que le estampe una dedicatoria.


Lo que pasó ese día

viernes 12 de junio de 2009

Tapa retro


Lo primero que destaca en un libro es su presentación; se podría decir lamentablemente en algunos casos. El ludens editorial llamó a participar a todo color que anduviese desocupado. La tapa, ese manto protector, cambió definitivamente durante el siglo veinte, aunque ya hubo a finales del XIX algunos indicios de un “arte de la tapa” aunque suene esquivo el término.

Ediciones italianas, españolas y latinoamericanas me confirman que la envoltura se convirtió en un “segno particolare”, una metonimia (no me la logro sacar de encima). Lo que es decir, la camiseta y el planteo de los colores. ¿Cómo hacer para no reconocer un texto de Alfaguara? o de Seix Barral, Feltrinelli, Anagrama o Mansalva.

Esta es una tapa que me gusta mucho. The Big book of Pulp es una antología de policiales norteamericanos de las décadas del 20, 30 y 40. Tiene 1150 páginas y está dividida en tres secciones: The Crimefighters (los buenos); The Villains (los malos) y The Dames (las bonitas). Pesa como una guía telefónica.

El diseño festeja las de esa época y muchas editoriales han querido volver a adoptar estas ilustraciones en ediciones contemporáneas: va-de retro. Dashiell Hammett y Raymond Chandler figuran entre los principales aunque no están ni El Halcón maltés ni El sueño eterno.

La tapa lo dice todo...(o casi)



Foto: © Cristian Piazza

lunes 8 de junio de 2009

Lo de afuera...



"El mundo aparencial es un tropel de percepciones barajadas".

Jorge Luis Borges - El tamaño de mi esperanza



Foto: © LennieZ

viernes 5 de junio de 2009

Reversible


El síndrome de Bartleby es reversible. Lo demostró el ejemplo sobre De Quincey en la página 72: “Fue original en su momento la manera de doblegarlo, pues consistió en escribir directamente sobre él”. El opio en la vida de los escritores (o de aquellos que insisten en serlo) es una metonimia; en el caso de De Quincey no, pero creo que puede leerse como la piedra en el zapato.

Hasta ese momento, si leí bien, los ejemplos están referidos a escritores que: 1) habían publicado a lo sumo dos textos, tal es el caso de Rulfo, y se colmaron de excusas para nunca volver a escribir, o publicar y 2) seres que nunca lograron publicar nada, permaneciendo en la afonía más oscura.

Posiblemente miento, porque justo ahora vienen a mi ciertos ejemplos, bien de paso, donde alguna excusa, cualquiera, sirvió para abstenerse de la pluma. Kafka (no recuerdo la página) anotaba en su diario que no podía escribir y la coartada fue la lectura de Goethe.



Fotos: 1. © Jamelah

viernes 29 de mayo de 2009

Found in translation


Ayer salió publicado en HdA el itinerario de este viaje sobre una de mis lecturas traducidas. Lo normal es leer traducciones de escritores que hablan algo muy distinto a lo que acostumbramos. Si luego aprendemos otros idiomas el filtro que tendremos que aplicar se achica. No nos da el cuero para aprender alemán, ruso y japonés y así embriagarnos con los textos íntegros de Sebald, Kafka, Walser, Tolstoi, Murakami y Kawabata. En este momento leo una traducción al inglés de un escritor egipcio: precisamente a eso me refería...

Sin embargo, la traducción de la que habla el artículo es de un libro escrito en castellano: La muerte lenta de Luciana B. y que por una fascinación lúdica decidí leerlo volcado en glosa extranjera. A partir de entonces, como apariciones, cada vez que piso una librería veo traducciones de autores que sólo leía en español.

Ayer entré a una librería de antiguos y primeras ediciones y vi una copia de El entenado de Saer; cuatro cuadras más tardes me asaltaron dos ediciones de Aira traducidas por, el ya iluminado, Chris Andrews conocido por su trabajo con las obras de Bolaño. Mundo inquietante y poco entendido este de las traducciones...


***

Mister Guillermo Martínez
28|05
2009


Seguramente Matías quedará complacido por el modo orgánico en el que está nota tuvo lugar. Ambos nos preguntábamos de qué manera continuaría mi colaboración, qué ítem atraería la mirada curiosa de los lectores habituales de HdA y cómo incluir simultáneamente la experiencia neoyorkina. “Lo que si me gustaría es que pudieras traer algo de la experiencia de la ciudad. Ponele: pasás por una librería y ves en la vidriera un libro de un autor argentino traducido.” y así sucedió, como sacado de una película optimista o de un libro donde el tema predominante es la ley de atracción.

The Book of Murder, un título solemne y sólido, es la versión inglesa de La muerte lenta de Luciana B. de Guillermo Martínez. Él junto a Pablo de Santis, amigos de la vida cotidiana, son dos autores que lograron superar la garita de la editoriales norteamericanas; un ninguneo implícito, cuestión de proteccionismo o, en el más inocuo de los casos, desinterés por lo foráneo.

El texto me esperaba en una biblioteca pública en unos anaqueles muy cercanos a la puerta bautizados como “Recent Fiction”. Imagino que a las bibliotecas llegan las cosas con un retraso lógico, luego de que las editoriales agotan las vitrinas y las promociones. Sin embargo, el texto de Martínez se publicó en septiembre de 2008 y un sello delata que esta copia se coló en los estantes para finales de octubre.

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Fotos: 1. © Margolove / 2. © Cristian Piazza

jueves 28 de mayo de 2009

Philip Roth presenta...

Aun no he tenido tiempo de poner mis manos sobre Exit Ghost, mucho menos sobre Indignation. No obstante, el ímpetu de escritura de Philip Roth es irrefrenable, que ya anuncia su siguiente novela. Ya tiene cara. Sé poco o nada pero dicen que su personaje es un actor, no tan joven, y que su móvil será el erotismo. Está sería su novela numero treinta y habrán pasado cincuenta años desde que publicó la primera.

viernes 22 de mayo de 2009

Proveniencia

Mis relatos están mezclados. Los itinerarios saltan de una ciudad a otra deshaciendo los límites imaginarios que las enfrenta. Saltos espacio-temporales de mis experiencias, de algún desencuentro; la esquina que detuvo el beso. Las calles de Buenos Aires y Nueva York se confunden, a ellas se suman otros asfaltados célebres y hasta un equívoco llamado Miami.

Mis relatos son como del lugar del que provengo, una borrasca acuosa donde es infructuoso establecer un rayado limítrofe; donde el idioma son todos los dialectos, un lunfardo apócrifo y febril para comprendernos mejor.

Finalmente di con aquello que perturbaba mi sueño, me hacía sudar junto a las sábanas, cuerpo salado y desnudo pero ausente. Volví al lugar de donde asoman mis relatos, al lugar de donde provengo y que por un lapso de tiempo elongado olvidé. Vengo de la literatura y hacia ella voy...





Fotos: 1. © Cristian Piazza / 2. © D'Arcy Norman

sábado 16 de mayo de 2009

Respuesta para enmarcar


La pregunta la hizo Sonia Budassi y la respuesta fue de Mariana Dimópulos:

¿Cuáles son sus rituales o supersticiones a la hora de escribir? 


—Qué pregunta. Todo es una superstición a la hora de escribir. La existencia de lo que uno escribe, los fantasmas que uno convoca, todo eso es parte de un credo sin religión. Si alguien nos mirara desde afuera cuando escribimos, ¿no pensaría que estamos haciendo un rito extraño que de nada sirve?



Foto: © Franckie Alarcon

miércoles 13 de mayo de 2009

Con la atención en casi todo


"En esa época mis gustos literarios hacían que no me perdiera un momento de patetismo ni una frase sentenciosa."

Juan Villoro - La alcoba dormida


Foto: © Margolove

lunes 11 de mayo de 2009

Más que un recuerdo inventado

“Literature is not a continuum, but a series of dislocations”
Paul Auster

“Extrañeza ante el mundo y ante la escritura, la realidad con la ficción bailando en la frontera...”
Enrique Vila-Matas


Paul Auster y su colega catalán Enrique Vila-Matas compartieron escenario bajo los reflectores del Florence Gould Hall en Manhattan. Esta es la segunda vez que sucede. De aquel primer encuentro, allá en 2007, no tenía muchas referencias, sólo que me lo perdí y que aquello dio para propiciar esta nueva cita.

Entre los asistentes estaban Daniel Sada, Siri Hustvedt y Jorge Herralde quien mudó, por pocos días, la celebración de los 40 años de Anagrama a la ciudad de los editores voraces; paradójicamente a una ciudad donde cuesta mucho (física y monetariamente) conseguir sus libros. Sin embargo, es una isla tan extensa en medios que siempre te concede alguna sorpresa. Esta es la anécdota. Estando en Buenos Aires supe de este encuentro e hice un recorrido por muchas librerías, mercados, plazoletas y quioscos de diarios que autodenominé “Operación Vila-Matas”. Logré dar con ediciones olvidadas por los libreros, todas casi a ras de piso (coyuntura alfabética) como Una casa para siempre (1988) y Lejos de Veracruz (1995) . Recién llegado a Nueva York hice una búsqueda en Internet en librerías locales y di con una edición intacta de Impostura de 1984 y que lleva tatuado en el lomo el número 7 de la colección Letras hispánicas de la casa Herralde.

Escribí una “crónica” para Hablando del asunto (HdA 2.0), un portal argentino que maneja con absoluta franqueza y claridad el panorama literario propio y ajeno, y más. Allí, imaginé un encuentro entre personajes autores que se leían entre ellos y exigían, además, intensidad y talento para el resto de los lectores. Aquí adjunto el escrito, con el cual debuté en HdA...



***


Las muchas vidas del lector: Auster y Vila-Matas en Nueva York
11|05
2009


El lector ha muerto. ¡Viva el lector! O como si la frase de Dickens cobrara absoluta relevancia: “It was the best of times, it was the worst of times”. ¿Cuán importante es el lector?¿Basta con que compre los libros? ¿Cuándo asume esa identidad, al abrir el libro o al terminarlo? Todo lector se siente importante, es algo que uno mismo se da y se quita.

El ejercicio deriva de una provocación que sugiere a modo de incentivo mediático Enrique Vila-Matas en un artículo publicado en El País de España y que nos leyó esa mañana a quienes lo fuimos a ver. El lector es fundamental según nos va enunciando el artículo. Eso ya lo intuíamos, de lo contrario nada de esto estaría aquí:

[...]Los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en estos la confirmación de que el mundo es como lo ven ellos. Los nuevos tiempos traen esa revisión y renovación del pacto exigente entre escritores y lectores. Vuelve el lector con talento.

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Fotos: 1. © Donde se esconde el sol /
2. -5. © Cristian Piazza

miércoles 6 de mayo de 2009

Ungüentos en primera persona

La pausa de estos últimos días yo diría que fue forzada. Tal vez me equivoque. Hay ciertas vidas que parecen estar siempre al borde de una crisis, con una etapa que culmina y otra incipiente bastante asustadiza; lo cual hace de tales transiciones una pena. Da la sensación de que siempre están por empezar algo (esas vidas): proyectos que se gestan en las membranas de la corteza cerebral y prometen buenos dividendos en el mundo animado de las cosas. Si la edad física palpitara al ritmo constipado con que se concretan esos proyectos difícilmente la pubertad sería un recuerdo.

Ahora cuido a mi hija. Son días de laboratorio, si se quiere; todo es nuevo, imprevisible, todo va a una libreta para comparar reacciones y estados de ánimo, intensidad y contexto del llanto, tonalidades que van enunciando significantes. Ella igual se comporta como toda una damita inglesa sin haber pasado por los internados ni por las aburridas sesiones sobre cómo comportarse en sociedad. Llorar, llora lo indispensable: cuando tiene hambre; sueño, y finalmente, no estrictamente en este orden, cuando la caca conspira en su piel.

A veces surge el temor de que no habrá sentidos suficientes para disfrutar a pleno las pequeñas cosas, el tiempo detallado que dispongo junto a ella y esos progresos minúsculos que la van haciendo día a día más personita. Ahora que lo pienso mejor, no creo que sea así, pero igual lo digo porque en algún momento ese aprendiz de agravante debió agujerear como un peatón inadvertido una idea por estrenar. Además confluye, paralelo, un temor a no poder agenciarme espacios de escritura (me los doy, los consigo y los mutilo) lo cual me sitúa fuera del presente.

Ya se lee de Vila-Matas en sus Recuerdos inventados que “la propia vida no existe por sí misma, pues si no se narra, si no se cuenta, esa vida es apenas algo que transcurre, pero nada más.” Pensarla es narrarla. Eso en parte es lo que creo estar haciendo, aunque este ejercicio incluya momentos de existencia que se vuelven tediosos, sofocantes, insoportables, aburridos (título próspero para esta hora donde sólo están despiertos los escritores, los lobos, los taxistas y las putas).

Se lee seguido que la felicidad no está en ningún lado, o de existir que no puede estar separada de cada individuo, que es similar a decir que el destino es el viaje mismo, que no hay lugar de llegada: “Life’s a journey not a destination” cantaba Steven Tyler en los noventa. Quiero dejar filtrar una intención de convencida espiritualidad. Mi biblioteca tiene una sección “abbastanza” profusa de textos budistas y eso permea la capacidad de entendimiento, el modo de abalanzarse sobre las cosas.

Pienso en esto y muchas cosas más, y cuando no se generan los suficientes ingresos, se tiende a pensar en “boludeces” homónimas o se chapucea en el alcohol o en algún otro analgésico que no amerite consentimiento médico. Aunque los más eficaces para mi son la almohada, una ducha, libros o mil pasos aleatorios, avanti, avanti...

Todo llega a los sentidos y recorre ideas, tableros y propuestas para las horas que podrían ser. Un punto de partida son las personas que veo por la calle. Hay esquinas a las que les tengo más cariño. Por ellas circula todo, un crisol de nacionalidades, eventos que caminan. La esquina de Bolívar e Yrigoyen; Perry St. y West 4th; Aguilar y 3 de Febrero; La avenida Luis Roche; Park y la 57.

¿Pero dónde quedo yo?¿soy un narrador en off, se escucha sólo mi voz pero soy invisible? En algún lugar alguien notará mi transitoriedad, alguien comentará en su diario las características de un personaje de características similares a las mías; como aquel día en el que ingresé a la libreta de Martín Kohan (la famosa). Fue en la Boutique del Libro y Kohan subrayaba un texto de Kafka. yo iba a comprar Ciencias Morales y me le acerqué y le pedí que me la autografiara. Dejó escrito: “Gracias por alegrarme la tarde” y después volvimos a nuestras anonimias.

De vuelta en Nueva York, cierto mimetismo literario se apoderó de mi, al menos esa es la explicación que puedo darle a lo que sigue. Mis días se homologaron a esas primeras páginas de La novela luminosa de Levrero. Me refiero al tono, al sentimiento, al encierro; no a las boludeces que llegó a hacer con el dinero de la beca o sus jueguitos de computadora. De repente sentí que me estaba hundiendo en una ficción ajena, como una sombra que va apropiándose de todo sin pedir permiso. Me parece genial lo que he leído hasta ahora, aunque poco, debido a mis nuevas diligencias de amo y señor interino de la casa, escritor a destajo y sin manija y otros títulos que estoy decidido a obviar.

Cada vez que se frena la escritura se posa sobre la conciencia un cierto tipo de desamparo. No anotar nada implica llegar a temer que desaprendo todo lo andado. Entonces, me vuelvo a sentar ¿y ahora qué? a empezar de cero, ¿quién es ese número que niega a todos los demás? Eso mismo venía sintiendo mientras mascullaba las primeras palabras. Un ardor de garganta: esa es una buena imagen. Y no tiene que ver con la página en blanco y los tembleques que provoca. Lo mío es el “tiempo en blanco”, una vertiente de divagación donde todo es posible pero es tal la fragmentación de las partes (reconstruir una ventana a partir de vidrio molido) que sólo pensar en articularlas me deja tieso, sin palabras.





Fotos: 1. y 3. © Natalia Osiatynska / 2. y 5. © Rom / 4. © Moriza / 6. © Adriano Agulló

sábado 2 de mayo de 2009

Expolibro y distancias

Mientras los stands de la Feria del libro de Buenos Aires calentaban motores para recibir a lectores, curiosos y consumistas, yo volaba hacia el otro extremo del continente. Me la perdería y mitad del vuelo consistió en machacar ese pensamiento. Quizás fue mejor así. Conozco mis andanzas dentro de las librerías y nunca salgo indemne. Lo de lector, curioso y compulsivo me pasa a mí como a muchos otros, todo junto. Para saber un poco más de la Feria y sus espacios, pasados y presentes, adjunto una provocación de Martín Kohan que fue publicada en Perfil.


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DESCONCIERTOS
La Feria en la ciudad
Por Martín Kohan | 01.05.2009

Cuando la Feria del Libro se desarrollaba en el Centro Municipal de Exposiciones, me era más comprensible. No porque vaya a suponer que la literatura, que es pura periferia, pueda ocupar ninguna clase de centro; pero que ese centro fuera un centro municipal, vale decir, un centro modesto, local, aldeano, de corto alcance, producía el ajuste necesario para esos términos. Y por fin, “de exposiciones”: veinte días de exposición literaria. ¿Exposición de libros? Sí, ni más ni menos que Expococina, que venía antes, o que Expomueble, que venía después. Exposición de libros pero también de escritores, los retraídos y los desenvueltos conminados a exponerse por haber escrito un libro, o por haberlo firmado al menos.

La Feria del Libro, allá en el Centro Municipal de Exposiciones, quedaba situada así entre dos lugares de significación: de un lado, el ya fenecido Italpark; del otro, la Facultad de Derecho. Lo que terminaba señalando con asombrosa precisión una colocación muy elocuente de la literatura en la ciudad: un resquicio abierto entre el uso instrumental del lenguaje (el lenguaje plano y burocrático de los códigos jurídicos) y el espacio abierto y ligero del parque de diversiones (el entretenimiento pasajero y vacuo). Entre una cosa y la otra, sin ser ni una cosa ni la otra, la literatura.

Por atrás pasaban los trenes. Se los sentía pasar. Yendo y viniendo, ajenos al parecer, cumplían una función decisiva para el desarrollo de la Feria: recordarnos a todos, de manera casi constante, que si bien mucha gente acudía al recinto de los libros, había muchos otros, muchos otros y muchos más, que pasaban perfectamente de largo y no iban a detenerse por nada. A la mayoría de la gente la literatura no le interesa, y eso había que tenerlo presente.

Desde que la Feria del Libro transcurre en la Sociedad Rural Argentina, con pabellones que convocan por ejemplo el apellido Martínez de Hoz, con la Embajada de los Estados Unidos justo al lado y el Zoológico de la ciudad justo enfrente, me siento algo desconcertado. Sé que todo eso algo está significando sin dudas, pero no alcanzo a adivinar del todo qué.

Fotos: 1. © Donde se esconde el sol / 2. © Patricia VH

miércoles 29 de abril de 2009

Jovanotti- Fango